Un Obama contra ETA
ArtÃculo publicado en ABC, 16 Mayo 2011.
Por favor, mándenme al Obama verdadero y llévense al que aspiraba a serlo y se quedó en eso, en un triste aspirante, que ha dejado a su paÃs con muy pocas aspiraciones. No quiero a Zapatero que no es más que un mal aprendiz, quiero que venga el que está más allá del Atlántico, ese que no le tembló el pulso, al igual que a su predecesor, a la hora de luchar contra sus enemigos con todos los medios, lo que en lenguaje nacional-futbolÃstico quiere decir «A por ellos».
Los presidentes americanos sà que saben lo que es enfrentarse al terrorismo, que no derrotarlo, porque ese es un sueño que ni siquiera ellos se pueden permitir hoy por hoy. Los que mandan en los Estados Unidos saben que en un asunto tan serio y sensible como el terrorismo no pueden adorar a Dios y al diablo, al segundo solo pueden tirarlo al mar y además sin preocuparse si eso ofende al primero, porque América está por encima de todo. Eso es lo que hay, gobierne quien gobierne, por eso Obama no rompió con su antecesor en materia de seguridad y a pesar de desear como todos que el Islam moderado controle a los incontrolados que son legión, mientras ese sueño no se haga realidad, los servicios secretos americanos no descansarán. Estos dÃas no he dejado de pensar en las conversaciones que tuve con fiscales de New York, expertos en lucha antiterrorista y protección de vÃctimas, también con muchos afectados del 11 de septiembre. Me pregunto qué pensarÃan si yo les contara lo que hemos vivido en estos últimos meses en España; este teatro montado por un gobierno en contra de las vÃctimas y a favor de los simpatizantes de los terroristas. No me creerÃan. Prueben ustedes a imaginar que un tribunal americano rechaza las pruebas admitidas por otro legÃtimo tribunal, sin otro fin que beneficiar a los amigos de Bin Laden. Imposible porque quienes lo hicieran serÃan considerados traidores de por vida. Imaginemos que el presidente de turno no solo no moviese un dedo sino que se mostrase complacido con una sentencia que permitiese la entrada en polÃtica de «los enemigos de América». EstarÃamos hablando de ciencia ficción. En cambio, aquà entre nosotros, un tribunal da vÃa libre para que ETA entre en los ayuntamientos, mientras nuestro presidente y su ministro responsable se muestran satisfechos con la decisión de los jueces, lo que resulta algo sospechoso. En tanto un etarra apenas sale de prisión pide el voto para los «hermanos terroristas» porque inexplicablemente pueden ser votados. Y todo esto pasa sin que ocurra nada. Lo único que se oye son los gritos de dolor de las vÃctimas y las palabras de rabia de quienes siempre las han apoyado. No esperaba que la noche que se legalizó a Bildu la gente se echase a la calle presa de indignación pero si me tubiera gustado ver un movimiento de rechazo social más contundente. Ya sé que España para bien y para mal no es América y que Obama no es Zapatero. Pero hay momentos de nuestra historia en los que uno sueña con un intercambio ocasional. Acostarse y levantarse al dÃa siguiente con los etarras, polÃticos y pistoleros, presos «sine die» y nuestras instituciones gobernadas por gente con el valor y el honor suficiente para no olvidar lo inolvidable. Los sueños no nos los pueden quitar ni Zapatero, ni Rubalcaba, ni ningún juez prestado a la polÃtica.
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