La dichosa tregua

«No, desgraciadamente no estaban todos, inexplicablemente había mucha gente, pero no estaban todos, faltaban los niños que asesinó ETA»

—Mamá, ¿te has enterado de lo de ETA?
—¿De qué, hija?
—De que han anunciado otra vez el alto el fuego.
—¡Ah, la dichosa tregua! No, hija, no me había enterado, pero será lo mismo de otros años, nada nuevo.


Lleva razón mi madre, para ella no es más que «la dichosa tregua», ésa que nos obliga a ver en televisión sin descanso a los encapuchados de siempre, que nos repiten con la arrogancia de siempre que el Gobierno tiene que hacer lo que ellos digan, porque ellos son los que mandan, que para eso llevan cuarenta años asesinando.

Los etarras vienen a decirnos que han matado para que el pueblo vasco obtenga su independencia y que serán los vascos los máximos referentes en ese proceso negociador, que quieren hoy como ayer seguir impulsando con esta «dichosa tregua» que diría mi madre. Parece ser que estas marionetas con boinas que aspiran a sentarse en los ayuntamientos a cara descubierta en mayo, no se han enterado de que la mayoría de las víctimas de ETA no nacieron en el País Vasco, así que, deberían dejarse de tanto agente político y social vasco para llegar a un acuerdo, de tanta Euskalerria y su derecho a decidir la independencia y de tanto folklore nacionalista porque ETA lleva demasiado tiempo asesinando inocentes de todos los rincones de España y no vamos a permitir que unos cuantos decidan sobre el pasado, el presente y el futuro de millones de españoles. Y lo más indignante es que pretendan que nos creamos un alto el fuego en el que los terroristas no entregan las armas y siguen robando explosivos. Por eso querrán una verificación internacional, porque si verifica la Guardia Civil y la Policía lo llevan claro. Seguro que todavía quedan algunos que caen en la trampa etarra por ignorancia o por interés. Yo no. Pero claro, yo sé quién es ETA. Yo sé que ETA no es solo quien aprieta el gatillo, sino el que sopla el nombre de la víctima. O el que se sienta en un despacho público o privado para desarrollar la estrategia a seguir, donde las bombas o los gritos en favor de los presos sonarán con mayor o menor intensidad según convenga a la organización terrorista. ETA son todos; los que disparan y los que no lo hacen pero consienten, jalean, encubren, celebran y viven a costa del miedo de quienes no piensan como ellos. Ése es el rostro de ETA, no solo el de los terroristas que vemos fotografiados en los aeropuertos. El rostro de ETA yo lo veo en los ocho futbolistas de la Real sociedad que apoyaron la pasada manifestación de Bilbao en la que se gritaban vivas a quienes asesinaron sin piedad. Y lo veo en Otegui, Usabiaga y en otro conocido batasuno, un tal Tasio Erquizia quien presumía entre los manifestantes diciendo: «Estamos todos». No, desgraciadamente no estaban todos, inexplicablemente había mucha gente, pero no estaban todos, faltaban los niños que asesinó ETA y que no podían desfilar alegremente como los hijos de los asesinos pidiendo la libertad para sus padres. El juez Pedraz y la Audiencia Nacional se han cubierto de gloria y los que esperaban que Batasuna dejase de ser «ETA por un día», también. Al final, ETA pidiendo todo y sin dar nada a cambio, en la calle sin capucha y en la tele con ella y nosotros mirando y esperando que a Zapatero se le caiga definitivamente la venda y comprenda que no hay más final que la derrota y el cumplimiento íntegro de las penas. ¡Y todo antes del 22 de mayo!

Artículo publicado en ABC Sevilla , edición digital. Haga click aquí

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